Opinión

Higiene y seguridad industrial · 1 Hornos / Por Pablo Campos

 

Pensar que este tema solo compete a las grandes fabricas es erróneo. Si bien es en la industria donde hay (o así debería serlo) un seguimiento más preciso en lo que respecta a higiene y seguridad hacia los operarios, el medio ambiente y en consecuencia hacia el usuario, en menor o igual medida, los riesgos son los mismos en una escuela, un pequeño taller donde trabajen una o dos personas, o ese lugar que oficia de taller los fines de semana.
En los ámbitos laborales más pequeños, muchas veces la seguridad es escasa o nula. Solo basta observar que la materia “higiene y seguridad” no figura en la mayoría de las escuelas e institutos de cerámica, y a veces ni siquiera como contenido dentro de otra materia. Lo poco que se aprende es en general a “vuelo de pájaro”, escuchando aquí y allá, pero, lamentablemente, no alcanza pues la imprudencia, la ignorancia o ambas son la clave del problema. Y algo característico de las enfermedades profesionales es que en general, cuando aparecen los síntomas, ya es demasiado tarde, porque la mayoría son acumulativas, es decir, nos vamos dañando lentamente y nosotros felices. Si bien nunca es tarde para aprender, en materia de seguridad muchas veces sí lo es.
Es cierto que muchos peligros se evitarían con un poco de sentido común, pero no podemos dejar abierta la puerta a éste ya que lo que está en juego es la salud e integridad de los alumnos, talleristas y potenciales usuarios.

En esta primera nota referiré algunas consideraciones sobre hornos.

1) Emisión de gases: Muchos de los gases desprendidos en el proceso de horneado son altamente nocivos para la salud. En el bizcochado (o primera cocción de las pastas cerámicas), además de vapor de agua y eventualmente CO2, se desprenden otros gases . Casi todas las arcillas, en mayor o menor medida dependiendo del origen de las mismas, vienen contaminadas con sulfatos. Los sulfatos por acción de la temperatura se descomponen liberando, entre otros compuestos, anhídrido sulfúrico, el cual en contacto con la humedad del ambiente, las mucosas o la humedad de los ojos se transforma en ácido sulfúrico, un poderoso ácido que ataca la materia orgánica. Esto se traduce en la irritación de las vías respiratorias y ardor en los ojos. Una prolongada exposición a estos gases, puede traer consecuencias irreversibles para la salud de personas y animales.
Por otro lado, en la cocción de esmaltes, el desprendimiento de gases y vapores puede ser muy complejo, dependiendo de los tipos de esmaltes, los óxidos, etc. Hay óxidos, como el cobre, el cromo ó el cobalto que volatilizan fácilmente. También el óxido de plomo comienza a volatilizar cerca de los 1200°C. Es fácil comprobarlo de la siguiente manera: Si se coloca una pieza esmaltada con un esmalte azul cobalto o verde de cobre a unos centímetros de otra blanca y se hornean, se verá al descargar el horno que la pieza blanca presenta tonalidades, indicando que los óxidos migraron en forma gaseosa y fueron asimilados por el esmalte cercano. Estos vapores altamente peligrosos, puede traer consecuencias graves a la salud.
Otros gases peligrosos son los que se producen en las horneadas de 3° cocción. Estos esmaltes generalmente usan como vehiculo solventes orgánicos, que sometidos a temperaturas no muy elevadas (cuanto menos secos mas peligrosos) producen vapores altamente tóxicos.
La solución a estos problemas es instalar el horno en un lugar muy bien ventilado y abierto. De estar en un lugar con poca ventilación, hay que colocar un extractor de aire potente (tipo forzador) cerca del horno y si es posible una campana de recolección de gases sobre los hornos.

2) Mirilla: El sencillo acto de mirar por la mirilla tiene serios riesgos. Uno se da entre los 100°C-300°C y el otro a los 500°C-650°C, en las dos fases de la horneada (cuando se hornean piezas en primera cocción) donde hay abundante vapor de agua (cerca de los 100°C el agua agregada y cerca de los 600°C el agua de composición). El vapor de agua (invisible, ya que aún no condensó), sale con una considerable presión por la mirilla, dependiendo del volumen del horno, del diámetro de la mirilla y del estado de la tobera en el caso de tener una el horno. Este “chorro” de vapor que obviamente tiene una temperatura de 100°C como mínimo, es peligrosísimo si se acercan los ojos, produciendo quemaduras en la piel cercana o daños severos en el ojo.
Otro riesgo, es mirar dentro del horno cuando la temperatura comienza a superar los 1100°C. A medida que la temperatura aumenta dentro del horno, la emisión de rayos infrarrojos es muy elevada, lo que exige usar lentes de protección. Estos lentes son vidrios calibrados para bloquear gran parte de las ondas infrarrojas. A partir de los 1100°C hasta los 1240°C aprox. se pueden usar los vidrios azules medios que se usan para soldadura autógena. Y para temperaturas mayores, los verdes que suelen usarse para soldadura eléctrica. (Es recomendable usar para temperaturas menores a los 1100°C los vidrios azules de más baja graduación.)
La exposición prolongada a los rayos infrarrojos, a una tan corta distancia traerá muy serias consecuencias para la visión.

3) Instalación y perímetro: La instalación de un horno eléctrico debe ser cuidada. Según la potencia y distancia del horno a la caja principal de electricidad, se calcula la sección de los cables a usar. Ese cálculo debe ser realizado por un electricista responsable. Siempre es conveniente usar cables nuevos, creando una línea independiente para el horno. Todo horno debe tener además de sus interruptores en el tablero, una llave general térmica que lo desconecte de la red eléctrica. Las uniones de los cables deben ser realizadas con terminales y borneras y nunca “arrolladas”.
También debe contar con una buena conexión a tierra. Esto es elemental para la seguridad ante posibles descargas eléctricas y en algunos hornos (generalmente los tipo skutt) para su correcto funcionamiento.
Nunca un horno debe estar sobre pisos de madera, por razones lógicas, ni haber materiales combustibles en sus inmediaciones (al menos 1 mt.). Sobre todo en los hornos modernos que por razones especificas alcanzan temperaturas muy elevadas (superiores muchas veces a los 200°C) en su superficie exterior.

Obviamente existen muchas más precauciones que ya son de orden lógico, pero en reglas generales con las anteriores podemos estar tranquilos que no tendremos mayores peligros a la hora de manejar los hornos. Siempre es interesante recordar, que por más automatismos que tenga el horno, hay que estar atentos a la horneada, y nunca dejar el horno solo. Esto no quiere decir 'estar sentados al lado todo el tiempo', pero sí manejar la curva lógica de ascenso, y estar presentes siempre al final de la horneada.
Hornos de otro tipo (de gas, manta cerámica, etc.) tienen además de las mencionadas otras consideraciones especificas de seguridad.

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