17º ENACER : Testimonios de lo vivido

Gracias a  Silvia Rubinetti, Marcela Romano y Cecilia Nadezyk, que fueron recolectando testimonios de ceramistas durante el desarrollo del 17º ENACER,  compartimos estos relatos  que cuentan sobre sus actividades y experiencias.

Mirta Funaro: “Soy ceramista, vivo en Santa Rosa, La Pampa. Participo de ENACER (Encuentro Nacional de Cerámica) desde hace muchos años, es mi escuela, mi tribu. En esta ocasión traje dos propuestas. La primera tiene que ver con el modo de hacer conos a partir de fórmulas compartidas por otros compañeros y publicadas en distintos medios. Y la segunda propuesta es un taller de herramientas a partir de los materiales encontrados en nuestro entorno.
En el primer taller, voy a hablar de cómo fabricar tus propios conos. En realidad, es un espacio para reflexionar sobre las diferencias que existen entre el uso de conos, de pirómetros. También la diferencia que existe entre medir temperatura y el proceso. Además, advertir las necesidades que cada uno tiene en su lugar y de acuerdo con su producción. A veces los hornos no son muy parejos y necesitamos medir eso, pero en otras ocasiones no existen los pirómetros. Asimismo, los ceramistas siempre recomendamos usar cono a pesar de tener pirómetro. Entonces para este taller la propuesta fue cómo hacerlos a partir de fórmulas recopiladas en distintos medios, en distinta bibliografía por compañeros que ya los habían formulado. La tarea es cómo podemos hacerlos a partir de estas fórmulas, buscar la fórmula correcta para cada uno, para cada quema. Además, cómo poder hacerlos a partir de un molde con la forma del cono, cómo se aplica. En qué parte del horno se ponen, cuál es la lectura cuando sale del horno. En general llevé al encuentro todo lo que pude acerca del cono. Y en el taller surgió un intercambio hermoso. Me vuelvo del taller con los saberes mucho más enriquecidos.
El taller de herramientas está dirigido a las personas que recién se inician en este oficio. La propuesta es hacer nuestras propias herramientas con los materiales que tenemos en nuestro entorno, a partir de objetos que descartamos, pero podemos reutilizar. Las herramientas siempre son una extensión de nuestra mano. La mejor herramienta que tenemos es nuestra mano, pero a veces no facilita el trabajo. Mostré muchas herramientas que he ido haciendo durante los años que tengo de oficio a partir de materiales totalmente reciclados. Además, compartí, ideas que nos facilitan sobre todo para hacer producción en el torno, pero también para modelar, cómo poder hacer herramientas para talleres de las infancias, etc. Fue un taller donde participó mucha más gente de lo que yo esperaba.
En los participantes se generó una actitud de poder ampliar la mirada y encontrar soluciones a los problemas con lo que tenemos. Principalmente lo que deja este taller es más autonomía, más soberanía, ampliar la mirada y ampliar la capacidad de resolver problemas. No depender siempre de comprar los conos en las casas de insumos, poder resolver con lo que tenemos. Creo que eso nos da mucha libertad y más autonomía”.

Marta Midaglia: Soy recibida en el Instituto Municipal de Cerámica de Avellaneda – Emilio Villafañe (IMCA EV). Estuve dando el taller de barbotinas coloreadas con Tini Rivarola de La Pampa. El taller consistió en la aplicación de las barbotinas coloreadas desde colada con decoración impresa, también con engobe y como pastas coloreadas para hacer incrustaciones. Además, Mishima para hacer laminados e hicimos Moca con la barbotina fresca. Por otro lado, una serie de técnicas como pastillaje y otras técnicas para ver la aplicación de las mismas en una pieza, desde el tratamiento de superficie, la decoración y la construcción. Trabajaron mucho en incrustación, en Mishima y en Moka. Las otras técnicas, como la gente no tenía mucho tiempo, las hicimos nosotras y ellos iban anotando y viendo cómo se hacían. Realmente estuvo muy bueno, la gente estaba muy contenta de poder aplicar esas técnicas decorativas y de tratamiento de superficie. Fue muy lindo poder aportar al encuentro una técnica más. Gracias por todo”.

Marcela Romano: “Mi charla fue sobre el proceso creativo y la realización de la obra. Espero que la gente se haya llevado una idea más ordenada de las etapas que se atraviesan para producir una obra, de los inconvenientes que muchas veces surgen y de las soluciones que fui encontrando yo durante el proceso. Por ejemplo ante la falta de ideas, les sugerí que fueran guardando todos los bocetos, notas, apuntes. Armar una especie de bitácora para poder recurrir a ella en cada momento que tengan que buscar ideas, tener todas las que nos fueron surgiendo anotadas. También les sugerí que ante las indecisiones comiencen a resolverlas en distintas piezas. Esto da lugar a series y de esa manera podemos ir resolviendo en una pieza una solución, en otra pieza otra solución y eso va dando lugar a una “seriación”. Por otro lado, están los problemas técnicos, para los que les mencioné que siempre tienen que estar abiertos a la investigación, a la práctica, a la consulta con colegas. No hay que tener miedo, uno no sabe todo, hay que ser abiertos y pedir ayuda cuando es necesario. La insatisfacción de los resultados es uno de los problemas más grandes, uno de los momentos más difíciles. El momento de enfrentarse al resultado y sacarnos de encima la imagen mental original que es idealizada. Es necesario “duelarla” porque las obras nunca van a ser idénticas a la imagen mental, hay que deshacerse de esa imagen mental y aceptar el resultado. Finalmente, el resultado de la obra es lo que los observadores ven cuando conocen nuestra obra. En otras palabras, el observador no tiene una idea preconcebida como la teníamos nosotros con esa primera imagen mental, de modo que hay que soltar esa imagen mental para dejar de sufrir con la insatisfacción ante los resultados. Otro de los problemas con los que nos enfrentamos es el de la búsqueda de la imagen personal. Ante esto les sugerí no forzarla con elementos que uno quiera que sean característicos sino ser un observador de la propia obra a través del tiempo de producción. Empezar a observar en las distintas obras qué es lo que uno produjo en común en todas esas piezas y empiezan a ser los rasgos personales de la obra. No algo que uno se esfuerza en ponerle a la obra para que sea reconocida como de tal autor, sino que tiene que ser algo natural que surja de la repetición de esos elementos en las distintas obras. Básicamente ese fue mi aporte desde la experiencia y desde como yo fui superando algunos de esos inconvenientes. Espero que los participantes se hayan llevado un cierto alivio al comprender que todos tenemos muchas cosas en común durante el proceso creativo. Muchas veces en el proceso creativo no son todos pétalos de rosas, sino que también tiene muchas espinas. Es necesario saber que las tenemos todos en común. Son espacios comunes de sufrimiento que tiene el proceso creativo. Pero muchas veces con práctica podemos llegar a superarlos con menos dolores de cabeza.”

Pedro Crispo: «La mitad de los participantes, iban y venían, era gente que estaba apoyando y por eso se enganchaban y preguntaban, se interesaban mucho.  Les expliqué qué es lo que necesitan para tener un shablón, porque este es un shablón patero, es para una pequeña producción en un lugar donde no hay electricidad, donde hay algunas carencias. Pero la mayoría de los participantes tienen su taller o enseñan, no tienen problema de electricidad. Un torno está arriba de un millón y medio de pesos, y cuando vos decís eso es como que te “enfría”.  Sumado a eso, mandar hacer los moldes y las matrices te aleja un poquito más el proyecto de tener un shablón en el taller. Por colada es más barato, pero para para mí no es lo mismo, porque el shablón te da otras posibilidades, otra producción, otra calidad. Lo que yo sentí es que cuando empiezan a indagar para tener esa máquina, se “enfrían”. A mí me gustó la experiencia, terminamos todos torneando. Porque el shablón también requiere tener algo de conocimiento del torno para retornear y hacerle algún detalle a la pieza”.

Olga Tarditti: «La propuesta que plantee tiene varios ejes. Uno era acercarnos comunitariamente a un espacio de reflexión, de introspección, de sacar de muy adentro de nuestro ser los deseos, las intenciones, los sueños. Situarnos también en este momento de crisis ambiental, de crisis social, de crisis económica y poder cargar un sentido, una intención en el material. Ese material que íbamos a tener a disposición era muy pequeñito, del tamaño de una cáscara de nuez, de tal modo que toda esa carga de sentimientos, de intención que traemos, poder volcarla en una mínima expresión de materia. Un poco el talismán tiene la intención de unir el espíritu con la materia, algo que este sistema procura despegar, porque lo que quieren es sacar espíritu. Entonces, volver a sacar de nuestro interior, despertar ese niño, esa intención genuina, esa intención ancestral que todos traemos, de sentimientos genuinos, y volcarla en una mínima expresión de materia. Eso era el sentido del taller.
Por la mañana, hicimos un reconocimiento de un gran muestrario de arcillas locales, con distintas características, las intervinieron, le pusieron color, le pusieron textura, le cambiaron el punto de fusión, todo en pequeña escala. Y después, a la tarde, hicimos este espacio de reflexión más profundo que se intencionaba. En la introducción compartimos un texto y luego se desarrolló este pequeño objeto cargado de sentido, con intención, con un valor subjetivo. Creemos que los talismanes nos protegen, nos acompañan, nos dan fuerza. Eso es un poco la idea de la propuesta. Percibí que todos nos fuimos profundamente conmovidos. Esto de lo sensible, de lo pequeñito, de buscar adentro, trajo como una conmoción colectiva muy, muy interesante. Quedó una resonancia, porque ahora en las redes veo gente que ha escrito poemas, que ha compartido la experiencia, que comparte lo que le significó ese espacio. De modo que la intención ha dado resultados. La idea era sacudir la fibra íntima sensible que cada uno tenemos y eso ocurrió. Tener en tu mano un objeto amoroso y además también con conciencia ecológica, ambiental”.

Belén Chamorro : “Soy de Mar del Plata. Soy ceramista y vinimos en un colectivo organizado, muchos compas de Mardel. Hicimos varias propuestas de taller y de actividades para realizar en el encuentro. En particular, la de nuestro grupo fue de Hornos escultóricos y de Fractales, fue un taller de escultura de pequeño formato de figura humana para componer una escultura colectiva que se va a hornear hoy en un horno escultórico. La temática que tomamos fue la diversidad. Nuestros talleres se llaman “Lo que somos”. La propuesta fue trabajar la hermosa diversidad que somos como ceramistas. Los participantes de nuestro taller se llevan la experiencia de compartir la diversidad en el hacer cerámico, los diferentes modos de trabajar, los diferentes materiales, somos un colectivo inmenso y diverso y en esa diversidad radica nuestra riqueza cultural. Nuestro taller es de horno escultórico es una propuesta bastante lúdica con materiales que muchas veces son de muy fácil adquisición y reciclados. Además, nuestro taller de horno nos brinda la idea de que no hay excusas para no tener un horno. Con muy pocos recursos, podemos tener el horno que queramos y que necesitemos. Los hornos de papel ofrecen eso y a la vez como son escultóricos entregan una experiencia estética del horno que es muy interesante en nuestra trayectoria artística. No sólo es un objeto funcional sino además es un objeto bello que aporta la construcción de sentido”.

Anahí Roth: “Di el taller de Pastas coloreadas. Fueron dos días super intensos. Lo que nos llevamos entre todos es la transformación del encuentro. Compartimos conocimientos y experiencias. Muchas de las chicas que estaban en el taller eran profesoras. En sus formaciones no habían tenido la posibilidad, por diferentes motivos, de tener la experiencia práctica del tema que expuse. Otros eran principiantes que recién tomaban contacto con el material. Pero todos manifestamos. Se generó esa energía, propia del espíritu del encuentro. Y en lo micro, lo que fue el taller de pastas, todas pusieron buena voluntad, hubo muy buena predisposición. Si bien es cierto que hubo un cupo de cantidad de alumnas, lógicamente por una cuestión de espacio y de recursos materiales, no fue un condicionante, al contrario. Sino que potenció porque hubo muchas más personas que también estuvieron presentes, que escucharon muy atentamente, que intercambiaron. Se adecuó la dinámica del taller en función de los recursos, del tiempo, de los materiales y del espacio físico. Además, a nivel emocional, afectivo y humano se desborda, se siente en la piel. Te da ese cosquilleo en todo el cuerpo, sentís que no estás solo, que es un espacio realmente de encuentro, donde todos aportamos todo, donde entendemos y volvemos a encontrarnos. Nos maravillamos con la magia de la cerámica que no tiene techo, que no hay límite, que todo el tiempo estás aprendiendo. Y este espacio estoy convencida es oro en polvo, esto hay que sostenerlo como sea, como se pueda hasta lo imposible. Por lo que vi en este encuentro particular, esa voluntad está presente, el deseo está presente. Cada vez que surgen estos encuentros, esa llamita se vuelve a encender y se potencia. Cada vez que termina el encuentro, los que volvemos a nuestros lugares, tanto profesores como participantes, incluso la persona que circuló fuera del encuentro, esa llamita la réplica en sus lugares. Me voy con esa sensación, con esa alegría en el corazón de saber que yo también me voy transformada de este encuentro con los otros, con los otros ceramistas de todo el país, es genial.
En cuanto a la razón de brindar un taller de pastas coloreadas, a mí me encanta el color, soy re “colorinche”. Personalmente, en cuanto a la cerámica, no puedo no tener algo en la mano para amasar la pasta. Me encantan también los esmaltes. Uno va recorriendo en la medida que va aprendiendo cosas a lo largo del oficio de la cerámica, distintas etapas. En un momento estás en la etapa de los engobes y en otro momento en la etapa de los esmaltes. Me pasó personalmente estar en un lugar donde hay arcillas locales y me flasheó la cabeza, los colores de la pasta, de la arcilla local, y empecé por esa línea de investigación, incorporando los conocimientos previos de uso de pigmentos, de óxidos y demás. Me encanta muchísimo, soy muy ansiosa entonces en un solo camino tengo la forma y el color. Y esta cuestión de todo el tiempo tener en las manos el contacto con el barro, el color está en mis manos, es esa sensación especial. La gente está acostumbrada a dividir las etapas en el proceso, y aquí se llevan otra posibilidad, otro enfoque, otra mirada que se pone en común como experiencia personal y se comparte. Las alumnas manifestaron que estaba buenísimo todo lo que se podía hacer. En toda la cerámica y en todos los métodos de aplicación de la pasta, cada corte es una pieza distinta, lo seguís mezclando y es otra pieza distinta. Por esa razón es infinito. Personalmente, me genera esa cuestión de seguir investigando, seguir buscando. Cada resultado te abre otro universo paralelo.”

Lorena Reina: “Esta es mi primera vez dando taller en el ENACER. Trabajé con chicos, con chiques que vinieron de esta localidad y ellos estuvieron jugando y trabajando con el barro. Aprendieron que se puede crear y jugar a la vez.”

Emilce Giomi: “Yo pensé este taller orientado a las personas que no tienen acceso a un horno eléctrico, como para darle un toque distinto a las piezas de baja. Los participantes se llevan la fórmula de la reserva y el haber compartido el trabajo en conjunto. Esto terminó siendo un rompecabezas, no es lo mismo que hacer una piecita individual. Además, el diseño, estar todas juntas pensando dónde va la pieza, todas las horas de ahumado compartidas. Más allá de este taller, sobre todo en el ENACER lo importante es compartir la experiencia. Los participantes se llevaron la experiencia de haber compartido todo lo que nos llevó realizar la técnica.”

Agustina Pratti: “Fue un taller inspirado y pensado por niños y para niños. La intención era que cada uno de ellos trabaje la escultura basándose en un deseo, una intención, un sueño. Que ellos estén ahí, sintiendo. El deseo de un participante era subir a las montañas, o el deseo de otro era conocer a una persona, etc. Cada uno escribía su deseo en un papel y se sembraba adentro de la piecita. Alrededor de eso se modelaba ese deseo ya manifestado. De este modo, cada participante realizó una pieza personal y además hicieron una escultura de barro entre todos, poniéndole un poco de cada uno. Luego la horneamos en un hornito que armamos, un hornito de carbón. Se llevaron la experiencia de conectar con ellos mismos, con lo que sentían. Estoy armamos unas bitácoras de autodescubrimiento en donde había preguntas tales como: ¿qué me gusta?, ¿qué amo?, ¿qué me pone triste?, ¿qué me pone muy feliz? Es necesario saber quién soy, qué me gusta, qué me apasiona, qué me hace poner triste, para después trabajar en grupo, para trabajar con otros y respetar el cuerpo del otro. Respetarnos entre nosotros y saber que somos todos diferentes. Se llevaron la experiencia de compartir con otros, respetando los espacios y abrazándonos. Un poco es el espíritu del ENACER. Es mi segunda experiencia en el ENACER y estoy muy feliz. Hicimos varios dibujos en esas bitácoras, de las preguntas que iban llevando a que ellos puedan llevar esa idea al dibujo. Por ejemplo, un sueño era tener tiempo para jugar, entonces la figura o personaje estaba jugando. Después ellos van a tener presente esa escultura y al verla todos los días les va a recordar lo importante de traerlo al presente, del deseo ahí cumplido y manifestado. Es una forma de visualizarlo.”

Ester Bonomo: “El nombre de mi taller era “Figura Humana” y fue un disparador. Tratamos de trabajar entre todes en el encuentro la diversidad, el tema de la figura humana tenía que ver con la diversidad de los cuerpos. Entonces, en principio, lo que hicimos fue trabajar el encuentro desde un lugar del encuentro corporal. En otras palabras, nos movimos primero, tocándonos, mirándonos, antes de meter las manos en el barro. Más allá de los productos que se saquen de los talleres, el ENACER es eso, un encuentro nacional de ceramistas. Es encuentro de personas. No es encuentro, nada más que de saberes. Es encuentro de personas. Y esto es lo maravilloso, nos vamos todos con el abrazo, con el pensar en el otro. Es necesario entender que estos encuentros también son el país. No estamos aparte, adentro de un tuper o somos un gueto. No, también somos el país. Hay que contagiar y laburar estas cosas colectivas para ver si se pueden contrarrestar otras cosas que están pasando. Agradecida”.

Cesar Valverde: Vine a participar del ENACER en Santa María de Punilla, con una propuesta de un taller de construcción de horno para Raku. También hicimos un trabajo sobre la técnica Raku. El objetivo era compartir la experiencia que uno tiene sobre esa temática, pero, sobre todo, abrir un espacio que sea colaborativo, entre todos, generar el trabajo comunitario, colectivo, tanto en la construcción de horno, como también en el taller de Raku. Me voy muy satisfecho porque la gente participó, se comprometió tanto en la construcción del horno, como en la técnica de Raku y Obara que presentamos como propuesta. Además, intercambiamos con colegas de todas las provincias y de otros países, compartimos hermanados a través de un oficio, la cerámica, que tanto nos gusta. Y eso creo que es lo que genera el ENACER, compartir experiencias, en lo informal también, y seguir hermanando, a través del material, generando vínculos, amistades y fraternidad, eso es lo que más me llena, ser amistad o ser parte de este ENACER”.

Serafin Lopez Fabian: “Lo importante de estos talleres, es que nos hace entender que la arcilla, el barro y el arte de la cerámica nos permite explorar y encontrar en cada uno de nosotros un lenguaje distinto, que no hay ninguna copia en ninguna parte del mundo. Somos siempre originales y la huella va desde nuestras manos. Se trata de expresar tu propia figura o imagen dentro de una obra de arte. Cualquier decoración, cualquier pintura, ya tiene una huella, ya tiene un sello muy original de cada ser humano. Lo importante de este evento es que se aprende a aprender. Toda la vida nosotros estamos aprendiendo. De este encuentro me estoy llevando un aprendizaje maravilloso, y sé que voy a morir sin aprender todo.
En relación con el evento y demostración de cerámica que hicimos ha sido una bonita experiencia. Esto aporta bastante al desarrollo de las habilidades en relación con el material de la arcilla. A jugar, un poco la parte lúdica con el material, a dominarlo. Además, nos ha dado una buena muestra de la capacidad de las arcillas que se encuentran en esta región que se pueden dominar sin tanta humedad, casi al seco. Con la fórmula que se preparó en un estado casi duro, ha sido bastante plástico. Eso es importante porque hicimos la técnica del grotesco, que es la parte lúdica. Y la otra parte que es el elemento técnico, compositivo al momento de utilizar las improntas o los moldes pegados. Eso sería lo más importante.”

Pamela Palavecino: “Trabajé con Jorge Ditler en Dijes cerámicos. Lo que buscamos es una solución a un problema de hoy, en donde está difícil abordar el quehacer cerámico y tener un resultado de buena calidad, en baja temperatura, y que se refleja en unos dijes cerámicos, para poder facilitar el vender o llevarse su trabajo a cuestas de un ceramista y que no sea sí o sí en un auto. Es una pasta vitrificada, a 1060º, 1080º, entonces los resultados son distintos, el ceramista busca una calidad parecida a un gres para tener buenos resultados”.

Natalia Lucioni: “Ofrecí el Taller de Amuletos Arte y Menopausia. La propuesta pretende encontrar una motivación para crear sentido en una obra individual, propia, simbólica, pero que constituya un símbolo personal. Recorrer la historia del arte para entender cómo hubo diferentes usos de este tipo de objetos de apoyo, digamos. Y que las funciones también fueron cambiando de acuerdo con los tipos de sociedades y a los vínculos entre las personas. Para reflexionar sobre nosotros hoy, nuestros vínculos, nuestros roles, nuestras búsquedas y necesidades.
La idea del taller era generar un amuleto propio luego de conocer  el recorrido de los amuletos contemporáneos y de la historia del arte, observando las diferentes formas y las diferentes funciones posibles dentro del concepto de amuleto como obra tridimensional, individual y personal que representa ciertos aspectos que este individuo que lo porta necesita, para sentir y sostener su identidad o su rol social. En particular en ese recorrido llegamos a vincular el concepto de menopausia con el origen de la historia del arte y con las Venus Paleolíticas que son los primeros amuletos de la historia de la humanidad y luego de ese recorrido conversando y a partir de un cuento trabajamos nuestros propios amuletos.”

Camila Lombardozo: “Vivo en La Plata y el taller que brindé en el Enhacer 17 se trataba de Texturas de la naturaleza, en donde realizamos sellos con arcilla y texturas orgánicas que encontraron en el entorno, que luego serían horneadas. La idea de este taller era abrir mentes, demostrar que con el acceso a la naturaleza que hay en cada espacio, en cada territorio, con las texturas que nos rodean, pueden formar parte de nuestras futuras producciones y demostrar que con las cosas que tenemos a nuestro alcance, podemos realizar nuestros propios sellos, nuestras propias herramientas, sin tener que acudir al plástico. Darnos cuenta de que con un pedacito de pasta cerámica podemos realizar distintos sellos, distintas formas, distintas texturas y dejar esa huella de la naturaleza en nuestras piezas que puede llegar a ser una forma de reivindicar la importancia del cuidado del medioambiente. La idea fundamental de mi taller era que cada persona que participara se llevara una idea simple de lo que puede ser un sello y que lo pueda llevar a cabo con distintas texturas que necesite para su propia producción. Es abrir la mente y encontrar en la simpleza, la complejidad de una textura, de un árbol, de una textura de una simple hoja, de una textura de cualquier cosa que encontremos en la naturaleza, en nuestro entorno y esa textura pueda transformar y ser parte de nuestras obras.”

Vero Horak: “Soy ceramista y diseñadora industrial. La idea de un juguete articulado me ronda en la cabeza y en el alma desde que era niña cuando quise hacer una muñeca que sea móvil y me dijeron que no se podía… El proyecto “quien dijo que no se puede” juguetes de cerámica articulados, comienza en el 2012 en mi taller de infancias.
Mis alumnxs me propusieron lo mismo que había propuesto cuando era niña. A partir de este momento voy desarrollando cada día, en cada taller y en cada juguete mi pasión.
Es la segunda vez que participo del ENACER. En Santa Fé di el taller para infancias y en el   ENACER de Punilla lo di para adultos, la experiencia fue maravillosa, haber compartido mi pasión con tanta gente fue extremadamente fabuloso. Me emociona mucho la posibilidad de compartir saberes y por ejemplo ir encontrando con lxs participantes nuevas posibilidades/ articulaciones a los juguetes. Siempre aparece algo diferente y ese desafío me encanta poder desarrollarlo con los otrxs. Me pone muy feliz cuando me escriben y podemos solucionar a distancia dificultades que encontraron en sus producciones más allá del encuentro, las relaciones que quedan  son super importantes, también me encanta cuando me mandan fotos de sus propias producciones.”

Julia Nayme: «Soy de la localidad de Berazategui, Pcia de Buenos Aires. Tengo varios estudios en el área de cerámica, principalmente el de docente. Hace 10 años que tengo un taller y trabajo de manera independiente dando clases, seminarios, entre otras cosas, produciendo. ¿Qué es lo que espero que se lleven los participantes de mis talleres? Espero, principalmente, transmitir el oficio pero con un contexto. No solo técnicas y fórmulas. Me gusta charlar y hablar, desmentir lo que invade en las redes sociales mostrándonos un oficio rápido, con resultados rápidos, muy lejos de la realidad de los tiempos de la cerámica. Apunto a transmitir el respeto por los materiales, la importancia de los tiempos que se necesitan para completar un proceso que a veces no son los mismos tiempos de las personas. Me gusta llevar mis mejores resultados pero cuento todo ese recorrido que hice hasta ese resultado con el fin de alentar, para transformar la frustración de los errores en momentos de superación creativa, pensando cómo se puede solucionar. Es muy fácil hacer talleres, seminarios, siempre con un guía al lado pero el desafío empieza cuando uno se encuentra solo con el material y entran las dificultades, los miedos entonces me gusta contar todos mis errores y frustraciones para que eso aliente a los demás a que no sea una traba sino que sea una manera de destrabar la creatividad y ver de que manera sobreponerse el famoso proceso creativo. Espero que se lleven inspiración y entusiasmo para poder crear más allá de lo que son las técnicas y las fórmulas y que se encuentren solos con el material, para hacer lo que quieran.»

Sol Sierra: «Brindé el taller de Moldería 1 Tacel en el ENACER 2024. Mi intención al ir al ENACER era reencontrarme, más que nada con colegas, docentes, compañeros, amigos y compartir las cosas que había estado aprendiendo y experimentando en los últimos años. Como sentía que tenía algo para llevar, decidí proponer un taller para enseñar a hacer moldes de 1 Tacel y también una conferencia.
En la conferencia compartí una recopilación de mis experiencias con la cerámica y trabajando en el exterior como ceramista en distintas partes. Diseñé el taller conversando con la organización y contemplando la infraestructura y las limitaciones del lugar. Al llegar allí y conocer el grupo, la verdad que fue hermoso coincidir. La gente que me honró eligiendo mi taller. Había personas de Uruguay, de Venezuela, de Buenos Aires, de Corrientes, de Santa Fe. Yo soy Bahía Blanca, había gente de Monte hermoso. También mi madre, Fabiana Zoratti, también ceramista, que se involucró y pudo asistirme en este taller. Significó una ayuda importante e hizo que el taller fluyera mucho mejor.
También para mí que he vivido y que he trabajado como ceramista en el exterior, que conozco los recursos y la cantidad de cosas con las que se cuenta en otras partes, donde todas las herramientas son oficiales y todo tiene que estar perfecto, llegar aquí y sumergirme en estas experiencias, tiene como un encanto especial. De verdad que aquí podemos resolverlo con tanto menos.
Yo había planteado el taller de manera de hacer los moldes con un encofrado por láminas, que se usan unas láminas de alto impacto, 0,5 milímetros, y también algunas sin encofrado. Pero cuando fui a comprar una lámina, el costo estaba fuera de los presupuestos que manejábamos como colectivo para este evento y se resolvió distinto. Terminamos dando un taller de cómo hacer moldes sin encofrado. Eso despertó la curiosidad de un montón de gente. También hay como una valentía, como un valor agregado, en defender el oficio desde estos lugares, desde las bases, de la nada misma, de poder crear más allá de las limitaciones. Es común que haya artistas que se imponen límites para llegar a otros lugares en su práctica. Yo creo que eso es maravilloso, ejercitar la creatividad desde nuestros procesos de generación de obra, enfrentarnos a esos obstáculos y encontrarle la vuelta. Porque después también cuando vienen tiempos mejores y podemos dar clases en talleres hermosos, con comodidades y herramientas, todo esto nos sigue sirviendo, digamos, los trucos, los recursos que encontramos, en estos momentos, siguen estando allí.
Y yo me siento feliz con lo compartido en el taller. Creo que todos los asistentes salieron de allí sabiendo hacer un molde y ese era mi objetivo. Cada uno hizo un molde hermoso. Todos los moldes resultantes se donaron a la Escuela de Huanquero. Y sobre todo, ojalá haya despertado la curiosidad por esta herramienta, porque para mí los moldes son un recurso más que tengo en cuenta. En el abanico de posibilidades que considero al momento de encarar un proyecto. También el segundo día del taller fue pensado para ver toda la parte de colada, cómo tiene que estar la barbotina, que conocieran su consistencia, los cuidados que hay que tener. Y compartirles una técnica de finalización de las piezas dentro del molde, que yo desconocía y que no sé de nadie que la haga aquí en Argentina, pero que me la enseñaron, me entrenaron en esa técnica en Australia, y que facilita radicalmente la producción con moldes, ahorra muchísimo tiempo. Yo proyecté este taller en combinación con una charla y allí se ilustraba mejor, mi experiencia fabricando moldes desde hace más de 10 años, y la experiencia que obtuve trabajando en una fábrica de vajilla y diseño de porcelana en Australia. A mí me sorprendió y me ayudó a ver los moldes de otro modo, conocer que las culturas americanas precolombinas utilizaban moldes también. La cultura jamacoaque, que se desarrolló en la zona del actual Ecuador, entre el 500 antes de nuestra era y el 500 después de nuestra era, ellos también usaban moldes para crear ciertas partes de sus vasijas silbadoras y sus vasos silbadores. No eran de yeso, eran de bizcocho cerámico, pero tenían la misma función. El yeso a nosotros ahora nos da más definición y más prestaciones, pero ellos ya utilizaban la lógica del molde para hacer parte de las reproducciones, incluso para reproducir ciertos detalles de pastillaje de las esculturas. Es decir que el molde como tecnología es parte de la cerámica tradicionalmente. Entonces a mí me parece importante, acercar esas posibilidades que ofrece y ayudar a que la gente le pierda el miedo al yeso y al molde en sí como recurso de creación. En el taller hablamos del uso de los moldes para la seriación y la producción, pero también de su implementación para la creación de obra artística y de algunas cuestiones como la ética, el momento de la generación, la creación del molde. Yo aquí insistí en el valor de generar los modelos originales, o sea las piezas primarias a partir de las cuales se saca un molde, de trabajar con modelos propios, que ya sean modelados a mano, que sean en torno o generados por plancha, para luego reproducir piezas propias, únicas, con nuestra impronta y nuestro diseño. En lugar de replicar objetos industrializados y nunca reproducir piezas de otros colegas, ya que esto puede infligir en problemas de derecho de autor. Este enfoque invita al ceramista a diseñar su pieza, a generar su propia línea, pero sobre todo a poner atención e intención en el proceso, para respetar el trabajo de otros.
Me parece que es trabajo de todos construir y difundir, sostener, compartir también una ética dentro de la comunidad cerámica que sea empática y sostenible. El molde como recurso también me interesa enseñarlo sin dejar de señalar que se tiene que hacer desde un lugar de respeto y que sirva realmente como una herramienta de bien.» 

Mariano Saravia: «Ojalá haya podido aportar un granito de arena a la reflexión. Para mí sería muy pretencioso pensar que la gente se llevó algo de lo que dije. Ojalá les haya parecido interesante. Para mí fue muy enriquecedor estar con todos. Yo intenté hacer un repaso de la historia mundial a través del barro, de la arcilla, de la cerámica. Desde la aparición de las ciudades, de la cultura, de la escritura y contemporáneamente de la cerámica. Eso fue un eje, el otro mensaje, es que los ceramistas, las ceramistas, no sólo han acompañado la historia de la humanidad en este contacto además tan directo con la naturaleza, tan directo con el barro, que genera también otros tiempos, otra forma de ver la vida, de amasar la obra, de esperar los tiempos del barro, de la humedad, de la sequedad, de la cocción, del tiempo y la paciencia. Intenté también elevar la cerámica a nivel del arte, no sé cuál es la definición, cada uno tendrá una imagen de artesano en la cabeza, pero para mí se trata de arte y de artistas, los ceramistas son artistas, con todas las letras.
Tenemos también que reivindicar la cerámica y los ceramistas como trabajadores. Por más artistas que sean, son trabajadores, a veces el artista se despega del pueblo y cree que es otra cosa, se la pasa con los periodistas, músicos, artistas en general, con la gente que tiene cierta fama, y pierden de vista la condición de clase trabajadora. 
Creo que intenté hacer un puente entre ese ceramista artista, trabajador de la cultura, con el ladrillero que está cocinando los ladrillos, durante 12 horas por día. O los albañiles, todos los que trabajan en la construcción también son artistas de la cerámica y del barro de clase obrera. Por eso mencioné los desaparecidos de la dictadura, la experiencia de Zanón en Neuquén, etc.
Creo que no hay actividad más maravillosa y esperanzadora que la de construir, modelar algo, construir con las manos. Eso es esperanza pura en el ser humano. Esto es lo que yo intenté decir, y si llegó a todos me sentiría muy bien.»

Rosa La Torre: «Con mi compañera y amiga, la profesora Anita Bado, hemos realizado un mural con la impronta del SOL ROJO de los Comechingones. Una historia que si bien no sabemos si es verídica, connota la apropiación que se ha sufrido en el país. Se dice que han incursionado las cuevas de Cerros Colorados donde hay mucha información pictográfica, aparentemente de los Comechingones, aunque algunos dicen que son de otras, muy anterior a ellos.
El SOL ROJO era un sol con rayos y con una cara. Esa cara nos hace recordar a Tiahuanaco, la Puerta del Sol. Y también al rostro de nuestro sol que está en la bandera. Se dice que un tal Gardner, un arqueólogo escocés, vino a la Argentina escuchando o leyendo ese descubrimiento que había hecho Leopoldo Lugones de las pictografías de Cerros Colorados en el año 1924, más o menos, en la década del 20. Estuvo informándose con los dibujos vistos en toda la zona. Ha hecho un libro. Y también se expropió el Sol Rojo, que pesaba más de 3 toneladas y medía 1,60 mt de diámetro.
Tomando esa referencia, quisimos restaurar o traer a la memoria ese Sol.
Lo hicimos con arcilla roja y mica. Lo horneamos en la Escuela de Cerámica de Buenos Aires. Y en Santa María de Punilla realizamos el marco que sostenía el Sol con la técnica de la cuerda seca y con las figuras representativas de los Comechingones, rescatadas del acervo histórico-pictográfico, pero con la mirada contemporánea, colores cálidos, colores que atestiguan el paso del tiempo.
Tuvimos un par de accidentes con respecto a la construcción del mural, pero pudimos solucionarlo de alguna manera, nos queda una próxima visita para trabajar junto con un albañil lo que falta.
Desde el año 2010, venimos realizando murales con la impronta indigenista para rescatar de la memoria olvidada regional, en los lugares de nosotros emplazamos los murales. Hacemos una investigación previa y lo dejamos en la impronta de alguna pared, en una escuela, un espacio libre, nunca sabemos dónde quedarán emplazados y muchas veces no lo vemos terminado, queda la obra y se hornea a posteriori. Hemos realizado más de 10 murales en nuestro país y en Uruguay también tenemos obras.»

Paulina Rucco: “Participé del Enacer ofreciendo un conversatorio sobre el proyecto Alas para Ir, que estoy llevando a cabo hace más de diez años y que consiste en la realización y el montaje de un par de alas de manera participativa y colectiva, en donde muchos talleres trabajan de manera previa con arcillas locales y en un evento o en una circunstancia puntual, en este caso, el Enacer, nos reunimos para hacer el montaje en donde cada módulo y cobra sentido cuando se une con el otro.
En este caso fueron un par de alas de cóndor y yo estoy convencida de que mientras trabajamos juntos pasan cosas que nos hacen sentir que esta es una manera de hacer este mundo más habitable y que estos procesos colectivos tienen algo, ahí se forma como una amalgama, que todos formamos y que es superior e indivisible y que se hace presente durante el hacer, durante el compartir el mismo lenguaje del oficio. Lo que queda es una creación única que nos trasciende mucho más allá de la obra final, de los nombres de las personas que participaron, que van perdiendo importancia y se van desintegrando en este proceso colectivo. Mi parte solo tiene sentido en combinación con otras identidades y cada uno encuentra su rol en el mismo hacer.
Fue una semana preciosa en la que compartimos y nos sentimos como unidad. Yo creo que la diversidad nos aglutina, nos unifica y así somos todos la misma obra. Yo no sé cuál es la salida, pero estoy segura de que es colectiva. Creo que todas las personas que pasaron por el taller participativo se llevaron la experiencia y la vivencia. Han pasado por el cuerpo esta sensación de ser parte de un todo mayor que el sí mismo.
En el pueblo quedó un par de alas hecha por muchas personas para que siga tomando vida propia y esa obra siga viva cuando cada persona pase y se ponga las alas y se tome una foto. Cuando nos reconozcamos como “uno con todos” tendremos la fuerza de todos en cada uno. Ése es el lema del proyecto y se hizo presente.”

Paula Cousiño: «Nuestro taller en 17º ENACER era “Anidando la Libertad”. Somos Paola DeLorenzi, Paula Cousiño y Carina Altamiranda. Nuestra propuesta fue realizar objetos contenedores de posible vida, vegetal o animal, nidos, modelados o torneados, intervenidos y modificados. Tratamos de dar una alternativa de tratamiento de superficie, incorporando limadura de bronce y de hierro a la pasta y hacer una atmósfera reductora. Buscando un secado rápido y también el poco peso, ya que iban a formar parte de un mural, le agregamos pulpa de papel a la pasta. El resultado de las piezas formó parte de un mural que se colocó en una escuela y como no había un diseño previo, se hizo con la opinión de todos los que participaron.
La propuesta del taller fue realizar un mural que tenga objetos contenedores, que puedan contener vida, nidos, plantas, que pueda ser instalado, y que ahí se vaya recreando también la imagen del mural, y así fue planteada la propuesta, que los objetos que teníamos que realizar entre los participantes se fueran complementando, o sea no fue un mural previamente diseñado, sino que nosotros llevamos imágenes y pruebas de las técnicas que íbamos a utilizar como motivador para que la gente pueda imaginar también nuestras palabras y que pudiéramos realizarlo con diferentes técnicas incorporándole a la pasta pulpa de papel, limadura de llave, limadura de hierro y que podamos realizar una solo horneada en monococción . Aplicamos también una cubierta de esmalte para lograr reflejos metálicos, y agregamos nitrato de plata, y que decoración también iba a ser al azar, más allá de que supiéramos que era lo que estábamos buscando no sabíamos bien cómo iba a ser el resultado, la gente se enganchó mucho en la propuesta.
Tuvimos la suerte de poder instalarlo en la entrada de una escuela secundaria de Santa María y también participó un grupo importante de gente, entre todos diseñamos esa imagen sobre la pared, y quedó instalado. Resultó un taller que bastante lúdico, como no había una consigna de un diseño específico y era aleatorio el resultado del tratamiento de superficie, resultó algo distendido y la gente se fue contenta de poder hacerlo. Espero que cumpla con su función de poder tener vida, que pueda continuar en la escuela, que Fernando y Angélica puedan ponerle tierra y que los animales y las plantas hagan ahí su trabajo final.»