El miércoles 2 de septiembre de 2026, el Museo de Bellas Artes Juan R. Vidal, de la ciudad de Corrientes, inauguró Evocación del monte para atesorar un instante eterno, muestra de la artista Teresita Capurro, con curaduría de Gustavo Insaurralde . La exposición propone un acercamiento sensible a un universo atravesado por la memoria, la naturaleza y las huellas del paisaje, invitando a detener la mirada y atesorar aquello que, aunque fugaz, puede permanecer en la experiencia y en la materia.
La muestra puede visitarse en el Museo de Bellas Artes Juan R. Vidal, San Juan 634, provincia de Corrientes. @museovidalctes
«Tere Capurro siempre se ha destacado por esa conexión profunda entre la materia y el espíritu, y esta exposición sugiere una madurez poética singular. Después de muchos años, la artista vuelve con una presentación individual; pero además de mucho tiempo, después de fecundo trabajo, sostenida investigación y permanente reflexión.
Observar no es simplemente ver; es dejar que el entorno se filtre por los poros hasta madurar en las ideas y el hacer. En esta muestra, Tere Capurro nos invita a un ejercicio de traducción matérica, donde el paisaje deja de ser un escenario externo para convertirse en el pulso mismo que moldea en la cerámica. Como arquitecta y docente de gran trayectoria, la artista tiene una habilidad única para transformar la arcilla en algo que trasciende lo terrenal. Esta producción explora la tierra como origen y se propone con noble intención vincular el horizonte chaqueño con la lograda forma escultórica. También hay que mencionar la transmutación propia del fuego y el proceso alquímico de la cerámica que convierte el barro en una pieza eterna. Cada obra propone un juego de formas y estructuras que dialogan con el espacio de manera muy consciente.
El trabajo visual de Tere Capurro no intenta imitar a la naturaleza, sino encarnar sus procesos. Hay en sus piezas una geografía táctil: rugosidades que evocan la corteza del monte, curvas que siguen el cauce de los ríos y oquedades que capturan la luz como si fueran refugios naturales. La artista, con la solvencia de una mirada sutil, estructura el desconcierto orgánico del entorno y lo devuelve al mundo en forma de volúmenes que parecen haber emergido de la tierra. En conclusión, su realización no se articula desde la mímesis representativa, sino desde una abstracción orgánica que entiende el paisaje como un proceso de fuerzas en tensión más que un mero objeto de observación.
Sabemos que la arcilla se presenta como el sustrato donde se graban los vientos y las erosiones del tiempo. Por eso, la obra de Tere Capurro evoca el paisaje como memoria y materia. En esta exposición confluyen sus ancestros guaraníes y las siete maneras de decir verde, la experiencia geológica de su padre y su infancia en Alemania, la exigencia maternal desvanecida en el ocaso presente, su adolescencia en Estados Unidos como tiempo de estudio y también ese generoso aprender enseñando que la posiciona como una maestra ceramista.
Esta muestra es un acto de gratitud. Es la mano que recibe la herencia del suelo chaqueño y la devuelve cargada de sentido, belleza y resistencia. Aquí, el espectador no sólo observa cerámica; habita un paisaje que ha sido pacientemente rescatado para ser entregado a la luz. Con el fulgor del paisaje en las manos es una tesis visual sobre la pertenencia; es el resultado de una praxis donde Tere Capurro no sólo moldea la arcilla, sino que se deja moldear por la sabiduría de la naturaleza, devolviéndonos objetos que son, simultáneamente, arquitectura, naturaleza y poesía.»
Gustavo Insaurralde
Curador
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