Verónica Valli nació en Bahía Blanca, Pcia. de Buenos AIres. Estudió pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, en CABA. Hoy vive nuevamente en su ciudad natal —“amante de la naturaleza y de los ritmos más calmos” — y es profesora en la Escuela Superior de Artes Visuales “L. E. Spilimbergo”. Con el tiempo se ha especializado en pensamiento y reflexión estética a través de su práctica docente. Como artista plástica, desarrolla su propia obra y también ha curado diversas muestras.
Su tarea como profesora de arte la llevó a recorrer la ciudad y en uno de esos trayectos, en 2002, en un barrio periférico cercano al puerto de Bahía Blanca, descubrió un mural en el jardín de una casa típica de la zona. La obra le llamó la atención, especialmente por el tratamiento de la luz en la pintura.
Ese hallazgo marcó el inicio de un trabajo de campo dedicado a investigar y relevar los murales de Domingo Cerella en la ciudad. En italiano, este tipo de piezas se denomina pannelli ceramici: murales cerámicos que, con el tiempo, fueron configurando el paisaje urbano bahiense.
Cerella desarrolló una pincelada muy particular a partir del trabajo continuo. Con el tiempo y la práctica sostenida, consolidó una técnica que recuerda a la acuarela: trabajaba el esmalte cerámico en tercer fuego, pero con la soltura de alguien que ya traía el oficio de pintor y dibujante desde su Italia natal. La intensidad productiva —casi una “fábrica de imágenes”— le dio esa mano experta que se adquiere en la práctica constante.
La diferencia entre mayólica y tercer fuego es fundamentalmente técnica.
La mayólica se realiza aplicando esmalte diluído en agua sobre una superficie previamente esmaltada; suele dejar un acabado levemente en relieve, muy característico, visible especialmente en las mayólicas españolas, de fuerte tradición andalusí e islámica.
El tercer fuego, en cambio, utiliza pigmentos mezclados con un diluyente graso (similar al óleo) y requiere una cocción adicional. El acabado es más pictórico y permite mayor sutileza en veladuras y detalles.
Son, en definitiva, dos técnicas complejas y diferentes, tanto en procedimiento como en resultado visual.
Cerella se formó principalmente en Nápoles y esa experiencia marcó profundamente su lenguaje artístico. Su obra refleja una tradición en la que la cerámica ocupa un lugar central en el espacio público, integrada al paisaje urbano y a la vida cotidiana, como ocurre en el sur de Italia. Esa formación napolitana —atravesada por influencias españolas y francesas— dejó huellas visibles en su sensibilidad estética y en su manera de concebir la imagen mural.
En un comienzo, Verónica inició su trabajo de campo de manera muy artesanal: anotaba en cuadernos, carpetas las direcciones donde encontraba las obras. Con el tiempo empezó a fotografiarlas, y ese registro se transformó en un catálogo propio. Recorriendo las direcciones en bicicleta, fue construyendo así un archivo paciente y minucioso, fruto de un trabajo de campo sostenido y comprometido.
Al comenzar su investigación, lo único que encontró fue un pequeño libro en la Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia —la más importante del sur argentino— con una breve mención sobre el pintor.
Entonces, en tiempos de teléfono fijo, buscó el apellido en la guía. Recién en 2005 respondió quien resultó ser la esposa de Domingo (Domenico), Wanda. La visitó, había enviudado hacía poco. Fue un encuentro entrañable que Verónica recuerda con afecto. Con mayor formación y método, comenzó luego a rastrear datos en diarios y archivos; la biblioteca la ayudó a reconstruir, paso a paso, una biografía que prácticamente no existía. Lo poco escrito hasta hoy surge, en gran parte, de ese trabajo.
Más recientemente, el artista bahiense Tato Corte la puso en contacto con una de las nietas del ceramista —también ceramista—, quien le aportó información y nuevas pistas.
Cerella fue en vida una figura muy reservada: trabajaba en silencio y era celoso de su técnica, conocida apenas por su ayudante. Aun así, su producción fue enorme: hay más de 150 obras registradas en instituciones y seguramente existen muchas más.
Además de los murales en viviendas particulares —que su hijo, que trabajaba con él, denomina “cuadros cerámicos”—, desarrolló una importante obra institucional en todo el sudoeste bonaerense. El proceso era complejo: diseñar, producir las piezas, hornearlas y finalmente montarlas en el sitio. Funcionaban, en ese sentido, como una pequeña empresa familiar, sostenida por el oficio, la organización y una intensa cultura del trabajo. Si bien muchos de los murales domésticos son de formato mediano o pequeño, las obras realizadas para iglesias, hospitales, instituciones y la Sociedad Italiana alcanzan una escala verdaderamente monumental.
Un ejemplo emblemático es el mural de San Silverio ubicado en el puerto de Bahía Blanca. Se trata de una obra de fuerte significación local. En esa zona del puerto se asentó una importante comunidad de inmigrantes de Isla de Ponza, profundamente devota de este santo, considerado patrono de los pescadores. La obra, entonces, no solo tiene valor artístico, sino también identitario y comunitario.
Para contextualizar la figura de Cerella, Verónica invitó a una de sus charlas a la historiadora Juliana López Pascual, especialista en la conformación del campo cultural en Bahía Blanca. López Pascual investigó, entre otros temas, la Asociación Artistas del Sur, a la que Cerella perteneció, lo que permitió situar su trayectoria dentro del entramado sociocultural de la ciudad.
Un vínculo laboral muy importante de Cerella en Bahía Blanca fue con la comunidad salesiana, de fuerte presencia en el sur argentino. Gran parte de su obra está ligada a iglesias, monasterios y escuelas de esa congregación.
“Mi meta final es que este trabajo se convierta en un libro, para que la información no vuelva a perderse. Pienso especialmente en los estudiantes de cerámica: la obra de Cerella es valiosa no solo desde lo visual, sino también desde lo técnico. Son piezas complejas, exigentes en su realización, y merecen ser estudiadas y comprendidas en profundidad.” comenta Verónica.
En relación con la obra de Cerella, la restauración es especialmente compleja. Muchas piezas han sufrido roturas o desprendimientos —sobre todo en los Azulejos que componen los murales o cuadros y recomponerlas exigiría un trabajo altamente especializado: igualar esmaltes, fórmulas, temperaturas de cocción, textura y hasta la pincelada original.
No es imposible, pero requiere capacitación específica y una política activa de preservación. Al tratarse de un patrimonio artístico tan valioso, su cuidado debería ser una prioridad para gobiernos e instituciones culturales.
Comprender la obra de Cerella implica también conocer su contexto cultural y espiritual: su origen italiano, la experiencia migratoria, u profunda religiosidad y la marca de haber sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial. Todo ese trasfondo histórico y vital otorga espesor y significado a su producción.
Verónica siente la urgencia de retomar la investigación sobre Domingo Cerella ante un escenario de pérdida creciente. Por un lado casas que se venden, elijen tapar o remover las obras de sus fachadas ; por otro, las inundaciones de marzo de 2025 en Bahía Blanca que destruyeron numerosas viviendas y afectaron gravemente el patrimonio cultural.
El caso más dramático fue el de la Asociación Artistas del Sur: su sede, ubicada en el subsuelo del Teatro Municipal, quedó bajo más de un metro de agua. El colapso cloacal contaminó el material e hizo imposible su recuperación. Se perdieron archivos, documentos y obras de artistas fundadores. Hoy la institución intenta reorganizarse en otro espacio, tras una pérdida patrimonial casi total.
Desde Revista Cerámica queremos reconocer y agradecer profundamente el trabajo riguroso, sensible y sostenido durante tantos años de Verónica en la investigación, el relevamiento y la puesta en valor de la obra de Domingo Cerella. Su compromiso no solo recupera una trayectoria artística fundamental, sino que también contribuye a fortalecer la memoria cultural y el patrimonio colectivo.
Le deseamos que muy pronto pueda concretar la publicación de su libro, para que este valioso trabajo encuentre la proyección y el cuidado que merece, y siga inspirando a nuevas generaciones de artistas e investigadores.
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