El sábado 28 de diciembre de 2025, la esquina de Avenida Santa Fé y Avenida Coronel Díaz, recientemente nombrada Esquina Charly García, se transformó por unas horas en un escenario inesperado. Debajo del flamante cartel, apareció una escultura cerámica realizada por la artista Vilma Villaverde, en una acción tan espontánea como potente, que convirtió el espacio urbano en un lugar de encuentro.
La idea nació de un deseo inmediato. Al ver por televisión el acto de colocación del nombre de la esquina donde vive Charly García, Vilma imaginó la escena: su escultura ubicada debajo del cartel y una foto que reuniera ambos universos. Lo que parecía una ocurrencia difícil de concretar se volvió posible gracias a la complicidad de su entorno: una colega que ofreció el auto, Verónica Horak, y su asistente Claudio Juarez, fueron apoyos clave para que la obra pudiera salir del taller y llegar a la calle.
Una vez colocada la pieza, el movimiento comenzó solo. Vecinos y transeúntes se detenían, miraban, preguntaban. Algunos sacaban fotos; otros decían que volverían más tarde, sin saber que la escultura no permanecería allí. Durante cerca de dos horas, el intercambio con la gente transformó la intervención en una experiencia colectiva.
El bar de la esquina se sumó a la escena, hubo fotos compartidas con el mozo, charlas improvisadas y cafés de por medio. Pasaron personas con remeras de Charly García —incluso visitantes llegados desde Chile— que habían ido especialmente a fotografiarse en la esquina y se encontraron, de pronto, con la escultura.
La pregunta se repitió una y otra vez: ¿la van a dejar? Vilma lo cuenta con claridad: le encantaría. Sabe que una obra permanente debería realizarse en otro material, más resistente al exterior, pero no duda en ofrecer su escultura como modelo para una posible versión definitiva. Incluso imagina volver a realizar la acción, esta vez con algo más de organización, y con la posibilidad de que el propio Charly pueda participar del encuentro.
Lo que ocurrió ese sábado al mediodía en Santa Fé y Coronel Díaz no fue solo la instalación momentánea de una pieza cerámica. Vilma logró la imagen que imaginó: su escultura de Charly, al pie de la esquina que hoy lleva su nombre, pero fue además una experiencia en la que la cerámica dialogó con la música popular y habilitó, aunque fuera por unas horas, un espacio compartido.
Gracias, Vilma Villaverde, por compartir tu arte y por propiciar estos momentos.

















