ENTRE FUEGOS Y FIBRAS

Desde el 26 de Abril hasta el 28 de mayo de 2024, se expone ENTRE FUEGOS Y FIBRAS, 14 artistas de cerámica y textil⁠, en Estación Guerrero⁠, HONDURAS 5961 – Palermo⁠⁠, CABA
⁠Con la curaduría de María Belén Alonso y Estela Halpert⁠.
Artistas participantes:⁠
Aguinaldo Arte, María Belén Alonso, Jorge Bangueses, Belén Basombrio, Jimena Cabello, Valeria Cecilia Santiago, Rosario de Zuviría, Estela Halpert, Alejandra Marinangeli, Isabel Mozzoni, Mercedes Palermo, Nerina Rosende, Adriana Schmied y Fernanda Vidal⁠.

El texto de sala, escrito por Alicia Romero y Marcelo Giménez:

«Si bien la curiosidad no es un comportamiento exclusivamente humano, desde tiempos remotos nuestra imaginación se ha visto animada por el deseo de descubrir los orígenes inhallables de los seres y las cosas. Así, cada comunidad que hasta ahora ha habitado el mundo instauró imágenes y relatos con los que recuperar comienzos ignorados. Muchos
refieren conquistas primeras —por caso, la capacidad de dominar el fuego o la habilidad de hilar una fibra— que han ido perfilando nuestros vínculos con la naturaleza y nuestros modos de estar en el mundo. Sean sus protagonistas la mano o la idea, acontezcan sus circunstancias de modo fortuito o denodado, devengan sus desenlaces prósperos o
aciagos, ellos nos entregan los albores de cada arte y un retrato singular de la comunidad que lo cultiva.
Factores sustanciales de los haceres cerámico y textil, fuegos y fibras comparten, por los azares y las arbitrariedades del lenguaje, su letra inicial. En el discurso de la ciencia moderna, F simboliza la fuerza, ese fenómeno que explica la facultad de modificar la forma o detener el movimiento de una materia; de la poesía latina heredamos su sentido de
fortaleza, virtud y eficacia natural que las cosas tienen en sí. Podríamos postular que para las fibras y para los fuegos, F consiste en su poder de establecer comunidad.
Se hace comunidad al habitar y transitar territorios… al compartir modos específicos de vida, quizás creencias, amistades, labores… y modos especificos de obrar, estéticos, cientificos, técnológicos…; se construye comunidad en la cohesión de lazos emocionales, profundos, continuos y plenos. Las prácticas textiles y cerámicas han sido fundantes
de lo comunitario.
Reconocida como un enclave de los afectos, la comunidad ha sido un acontecimiento históricamente menguado por algunos discursos racionales y mercantilistas hegemónicos, al igual que el cuerpo o lo pasional… Si la comunidad fue asimilada a la tradición, incluso a lo regresivo, pulsando en el segundo plano de la sociedad moderna ella logró convivir y suministrarle su bajo continuo. Así, cerámicas y textiles, dos memorias de lo común, siguieron su curso, si bien relegadas en su apreciación por el sistema de las bellas artes iniciado en el siglo XVIII, que aún gravita en nuestro sentido común. Una definición excluyente del Arte sostenida por un poder jerarquizante desconoció el hecho de que
todo hacer artístico que resiste lo hace en nombre de la sensibilidad social.

La necesidad de comunidad, casi una nostalgia sobre fines del siglo XX, retornó como un antídoto contra el individualismo y la licuación de lo social. Así, en tanto práctica basada en la solidaridad espontánea, establecer comunidad en el seno de las sociedades complejas del presente alienta la formación de espacios públicos primarios, donde se desenvuelven microcomunidades concretas y situadas, si bien inestables y de magnitudes imprecisas. En la complejidad de la sociedad artística de hoy, los espacios cerámicos y textiles gozan de un creciente interés desde hace más de cinco décadas. En principio, por el reconocimiento
de sus particularidades estético-éticas, deriva de sendas experiencias comunitarias ancestrales: el aprecio de lo elemental y lo próximo, de lo cotidiano y lo afectivo, de lo natural y lo recurrente. Luego, por la permanente actualización de valores ligados a los sentimientos y los saberes, a lo femenino y lo corporal, a lo maleable y lo pasional, al tacto
y el contacto. En complemento con las comunidades globales y desterritorializadas, textilistas y ceramistas trabajan por un presente artístico más amplio e integrador, más colaborativo y menos personalista, donde distancias y cercanías, fisicalidad y virtualidad, aparecen como un horizonte en la constitución de los ámbitos compartidos.
Y tal bagaje histórico y contemporáneo es lo que ha hecho posible esta primera manifestación conjunta en Estación Guerrero, que continúa otras tantas logradas en diferentes sitios y circunstancias. Les artistas aquí presentes, todes elles con su propia valiosa y extensa trayectoria, comparten desde hace tiempo tareas, ideas, proyectos, estudios, lecturas, viajes… representan una comunidad móvil y renovada, un colectivo de contornos vagos, una voluntad de converger y una interrogación sostenida con firmeza: ¿cómo vivir juntes?
Ceramistas y textilistas son los practicantes de la fuerza comunitaria del arte, un poder anclado en la memoria, un acto que resiste a la muerte.»

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