AlejandraConejero @aleconejeroceramica responde a lo planteado por Diego Armentano en ¡Alguien dijo: «no existe» y se picó! ver aquí
Introducción
En ¡Alguien dijo: «no existe» y se picó!, Diego Armentano señala una herida abierta en el arte cerámico: la existencia de un lenguaje cerámico que, por operar en la práctica y la transmisión oral, deviene «invisible» para las estructuras teóricas (hegemónicas).
Entiendo, como museóloga y ceramista, un síntoma de violencia metodológica.
Las instituciones del arte contemporáneo ejercen una suerte de epistemicidio —en términos de Boaventura de Sousa Santos— sobre la ceramicidad, intentando forzar una matriz material e incorpórea dentro de los moldes del conceptualismo lingüístico y la desmaterialización artística.
En palabras de Boaventura de Sousa Santos, el epistemicidio es «la destrucción de las formas de conocimiento que no se ajustan al canon […], declarándolos inexistentes o residuales» (2010). No es que el lenguaje cerámico no exista; es que la teoría dominante sufre de una ceguera epistemológica que le impide leer el cuerpo en acción.
La observación de Armentano sobre un saber que «se transmite por la práctica […] por años de hacer» da en el núcleo de la ontología cerámica. Intentar encasillar el lenguaje cerámico bajo los parámetros epistémicos de la historia del arte tradicional —fuertemente ligada a lo textual y conceptual— es un error metodológico recurrente.
El «sistema» de la cerámica existe, pero es un sistema incorporado (o embodied knowledge). El tacto, el control de la humedad, la decodificación visual del olor del fuego dentro del horno y la memoria muscular del ceramista constituyen una gramática viva. Cuando la contemporaneidad celebra que la materia aprenda a «no reclamarse a sí misma», no necesariamente desintegra la disciplina, sino que expande el radio de acción de este saber tácito.
El saber cerámico constituye un habitus puramente incorporado: un sistema de disposiciones duraderas y transferibles que se inscriben directamente en el cuerpo a través de la repetición y el oficio.
El error metodológico de la crítica contemporánea radica en su logocentrismo: presupone que todo lenguaje artístico, para ser válido, debe ser codificable en un discurso textual o conceptual preexistente.
Al ignorar que el control del choque térmico, la plasticidad y la atmósfera de reducción son, en sí mismos, operaciones de pensamiento abstracto materializado, la academia despoja al ceramista de su capital cultural legítimo.
Cuando creadores de otras disciplinas recurren a la arcilla buscando su peso, su error o su memoria telúrica, se topan inevitablemente con los límites que impone la materia física. Es precisamente ahí donde la «invisibilidad» del lenguaje cerámico se disipa: el foráneo fracasa o se rinde ante la técnica si no asimila el ritmo biológico del barro. Por lo tanto, la porosidad de las fronteras actuales no diluye lo cerámico, sino que evidencia la necesidad urgente de acudir a su matriz física frente al exceso de virtualidad y desmaterialización del arte actual, mediante la falta de conocimiento.
La resistencia de la materia frente al «giro lingüístico»
Metodológicamente, la cerámica opone una resistencia ontológica infranqueable a las teorías postestructuralistas que reducen el mundo a un juego de signos textuales. El barro tiene memoria, impone tiempos biológicos y posee capacidad de especificas (siguiendo las teorías del Nuevo Materialismo de Karen Barad).
Por tanto, defender la codificación interna de la cerámica —esa que Armentano define como transmitida «por el hacer» — no es un repliegue nostálgico o corporativista. Es un acto de insurrección metodológica. Es afirmar, contra el dogma de que «todo es lenguaje verbal», que existen saberes no discursivos que solo se revelan en la confrontación física con
la materia.
Coincido plenamente con Armentano en reinstalar esta conversación veinte años después de los debates históricos de las revistas especializadas. Es indispensable para mapear el campo actual. No obstante, cabe preguntarse: ¿realmente necesitamos que el lenguaje
cerámico sea codificado como un sistema cerrado? La codificación institucional suele academicizar y rigidecer los procesos creativos.
El hecho de que la ceramicidad se resista a una taxonomía rígida mantiene su carácter indómito, experimental y contracultural.
Lo invisible para el ojo teórico externo es perfectamente legible para la comunidad de pares que comparte la fatiga del taller, el intercambio en los encuentros y la complicidad del fuego.
Conclusión
Agradecer antes que nada, el puntapié conceptual que Diego Armentano nos arroja desde las páginas de la Revista CERAMICA. La discusión «se picó» porque toca la fibra más sensible de nuestra práctica: la validación de nuestra identidad en el campo cerámico ante
tanto taller vacío de conocimiento, brindando simplemente “experiencias” … Hemos metido nosotros mismos, en nuestro campo, al caballo de Troya?
Lo importante sera picarse en esta fiesta, para construir.
