Al intentar ordenar estas incoherencias que me animan a escribir recuerdo una canción caribeña que dice:
“…échale semilla a la maraca pa’ que suene, chá-cu-chá…” trataremos de hacerla sonar.
La provocación puede ser una efectiva forma de comenzar un debate aunque impropia para el desarrollo de ideas y la elaboración de conclusiones. Aprovechemos este impulso y tratemos de avanzar a ver si le sacamos algo de sustancia a este tema.
A mediados del siglo pasado se desarrolló un movimiento que en Europa se denominó Informalismo y en los Estados unidos surgió otro paralelo identificado como Expresionismo Abstracto. En el primero se destacó Lucio Fontana empleando la cerámica en su especificidad para poder materializar los conceptos propios de ese movimiento. Luego este mismo artista llevaría a la tridimensión su “concepto espacial”, el tajo en la tela que revela el “otro lado” oculto de la obra, a través de la misma materialidad cerámica, la única que le permitió expresar desde su especificidad el concepto en cuestión. Tanto es así que el tajo en el objeto adquiere un nuevo significado al revelar, ya no el otro lado del plano sino el interior del objeto, el vacío constitutivo a la vasija cerámica. El corte en ese pellejo del vacío, que lo devela.
Hacia fines de los ‘50s Peter Voulkos y John Mason comienzan a experimentar incorporando los conceptos del Expresionismo Abstracto traducidos al material cerámico. La acción física (action painting, dripping) caracterizó la obra de Jackson Pollock y el hallazgo de aquellos dos ceramistas fue el haber encontrado la materialidad idónea para llevar a la tridimensión los conceptos de esa expresión artística. Aquí cito a Armentano: “…obras cuyo sentido parece depender de su especificidad cerámica, más allá de las ideas que las motivaron…”(leer aquí) . Ningún otro material tendría la receptividad al gesto espontáneo e inconsciente de la acción física. Recomiendo buscar imágenes de Voulkos trabajando en la “demolición” de una vasija.
La obra cerámica de Antoni Tápies, que sin ser ceramista y con asistencia, también se vale de esa especificidad, que no se revela por si misma, que debe buscarse o encontrarse a través de la praxis, donde lo sensible, lo intuitivo y lo físico son los medios primeros y esenciales para acceder a ese sistema incorporado de conocimiento(leer aquí) (embodied knowledge) como acertadamente dice Alejandra Conejero.
También acierta Conejero cuando señala que “…el foráneo fracasa o se rinde ante la técnica si no asimila ese ritmo biológico del barro…”. Yo ampliaría: el foráneo sucumbe si no es capaz de activar su sensibilidad y su intuición para entrar en la biología de la materia cerámica. ¿Sería algo así como vivenciar el lenguaje del barro? ¿No será que, además de las propiedades inherentes enumeradas por mis colegas en los artículos anteriores, uno de los elementos primordiales del lenguaje cerámico es su receptividad y respuesta activa, inmediata y micrométrica a las acciones del sujeto? .
Me permito adjuntar una apreciación personal en este sentido, por la negativa, en cuanto a la obra cerámica de Pablo Picasso. En mi recorte personal Picasso tiene un acercamiento superficial a ese sistema incorporado del lenguaje del barro. Mientras los arriba mencionados nadan en el Océano Cerámico, el susodicho se moja las patas en un modesto fuentón de hojalata. No hay aporte, solo apropiación de elementos tradicionales del sistema cerámico para trasladar su mundo de imágenes que se traduce en un universo de formas muy seductoras pero que coquetean con el decorativismo. No pido perdón si alguno se escandaliza.
Tenemos un limitadísimo conocimiento de los trayectos realizados por los ceramistas en el campo del arte durante los últimos cien años. No necesitamos licuar ese sistema de conocimiento en un batido de textos o conceptos hegemónicos para desmaterializarlo. Rescato el carácter experimental, vivencial, insumiso y resistente del arte cerámico.
Debo reconocer que muchos referentes de la expresión cerámica tienen un corpus de obra que se revela independiente del material cerámico (lenguaje cerámico, en verdad) para expresar las ideas que lo mueven. Este es otro buen tópico para tratar. La libertad es libre y las clasificaciones sirven para comprender o confundir y son simplificadoras e incompletas.
Y si hablamos de definiciones, clasificaciones y lenguaje podríamos decir que la definición tradicional de cerámica y la actual, que incorpora al vidrio y al cemento, nos es dada por los parámetros de la industria. ¿Necesitamos una definición dada por un sistema ajeno? Me recuerda la anécdota de Diógenes de Sinope, que ante la definición de Platón: “el hombre es un ser bípedo e implume” muy festejada por su círculo, el cínico desplumó un pollo y se lo arrojó a los pies diciendo: “ahí tienen al hombre de Platón”.
Sería el momento de darnos nosotros una definición mas adecuada, una definición en construcción permanente, así como un lenguaje propio, que es una construcción abierta y en permanente cuestionamiento, sino sería un sistema ajeno o aún peor, cristalizado, o sea muerto.
Mientras escribía este opúsculo hice una pausa para ir al taller a continuar un trabajo. Una herramienta se me cayó sobre una pieza fresca dejando una leve marca. Esa es la especificidad propia del lenguaje cerámico. La corporeidad receptiva a la presión, a la humedad, al aire, al fuego. Lenguaje cerámico puro y duro. Metáfora de nuestras cicatrices en el cuerpo y en el alma.
Parafraseando a Diógenes el Cínico (o a Carlitos Balá), el movimiento se demuestra andando. Pues andemos!
Guillermo Mañé @guillermo.mane
Ceramista material
Rojas, 1/10/2026
